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WT1190F: ¿Por qué no dejan de caer restos de basura espacial sobre la Tierra?

WT1190F finalmente cayó al Índico cerca de Sri Lanka, tras horas de confusión sobre su paradero. Lo hizo a las 07.18 horas de este viernes, cumpliendo las previsiones de los expertos, según recoge Europa Press. Un grupo de astrónomos logró captar desde un avión la reentrada este viernes en la atmósfera de un trozo de basura espacial. El International Astronomical Center (IAC) y la agencia espacial de Emiratos Árabes Unidos patrocinó la misión de un equipo de observadores germano-estadounidense, a bordo de un pequeño jet comercial adaptado con numerosas cámaras e instrumentos usados para estudiar estos eventos.

WT1190F había rodeado el sistema Tierra-Luna al menos desde el 2009. Es muy probable que proceda de una nave espacial lunar reciente, pero no se excluye que date de la era Apolo. El avión de observación se desplegó para vigilar el reingreso a una altitud de 12.000 metros desde una distancia de 100 a 200 kilómetros

Los investigadores esperan haber reunido datos espectroscópicos para revelar la composición química del objeto, lo que podría ayudar a su identificación. Las imágenes proporcionarán pistas sobre su estructura y propiedades mecánicas. Esta información podría ser útil para el análisis de los asteroides que se dirigen a la Tierra.

WT1190F es el nombre oficial del despojo espacial que ha impactado en el océano Índico. Misterioso y desconocido. Toda una rareza. Convertido en un auténtico reto para los expertos. Sobre todo, después del último aguacero de cohetes rotos que este mes ha rociado Murcia. Demasiadas noticias últimamente sobre basura aeroespacial regresando a la Tierra. ¿Qué está pasando? ¿Se está convirtiendo el planeta en un vertedero de todos los cacharros que el hombre se ha dedicado a enviar a la Vía Láctea?

La Agencia Espacial Europea avisó en cuanto identificó a WT1190F pululando por el espacio: la madrugada del viernes 13 entraría en la Tierra un pedazo de chatarra en forma de meteoro. Sería, anunciaban los expertos, una oportunidad excelente para ahondar en la manera en la que los objetos extraños interactúan con la atmósfera terrestre.

WT1190F, descubierto por el observatorio de la Universidad de Arizona Catalina Sky Survey en el 2013, viajaba por el espacio sin identificación ni seguimiento hasta hace apenas unos días. Esta pieza «perdida» de los desechos espaciales que orbitan más allá de la Luna fue vislumbrado por un telescopio, por primera vez, el mes pasado. El escaso conocimiento sobre el objeto, que inicialmente se tachó de fragmento de asteroide, y la incertidumbre sobre su comportamiento causaron más de un desvelo a los investigadores de las grandes agencias espaciales del planeta.

Tras exhaustivas observaciones, los expertos del centro de coordinación de la ESA NEO confirmaron que WT1190F era un fragmento de algún cohete que orbitaba la Tierra cada tres semanas de forma no circular. Hay quien se aventuró a concretar más y aseguró que se trataba de una pieza de la era Apolo, otorgando a este escombro varias décadas de vida.

Lo que parecía estar bastante claro era que WT1190F nada tenía de asteroide. Su densidad sería, según el investigador de NEO Detlef Koschny, mucho menor que la del material rocoso sólido que conforma los bólidos cósmicos y más similar a la de un objeto hueco como la tapa de algún cohete. Hablaban los investigadores de un deshecho pequeño, «a lo sumo de un par de metros de diámetro», pero significativo porque, según las estimaciones, no se habría desintegrado por completo al entrar en la atmósfera.

«No hemos visto nada. Incluso contactamos con la NASA y tampoco vio nada. Oímos rumores de que alguien había avistado una bola de fuego en el cielo, pero no fue verificado», reconoció a Efe el científico GDK Mahanama, de la Universidad Ruhunu, situada en el punto más meridional de la isla, que se encontraba en compañía de miembros de la Agencia Espacial Europea (ESA), trasladados expresamente a Sri Lanka para estudiar el impacto del objeto.

«Instalamos, junto a un par de colegas franceses, dos puntos para observar y grabar la caída del objeto», explicó el científico ceilanés. Que no cunda el pánico. El astrónomo y astrólogo Chandra Wickramasinghe, de la Universidad de Cambridge, ha aclarado desde Reino Unido que «el hecho de que no se viera nada no significa que no se produjera el impacto». «La razón pudo ser la pobre visibilidad debido a las nubes y la lluvia», anotó Wickramasinghe.

Restos de basura espacial

Investigadores de la Universidad alemana de Stuttgart tenían previsto seguir la entrada en la atmósfera y el posterior impacto del WTF1190F desde el aire. Instalaron incluso instrumentos de seguimiento en una avioneta. Por ahora desconocen los resultados.

Lo que sí quisieron dejar claro los científicos desde el principio fue el escaso peligro del caso. El tamaño de WTF1190F resta toda peligrosidad a su llegada y, al caer en el agua, no debería generar ni la mínima contrariedad. Es más, lejos de ser un problema, los grandes centros de astrofísica han apuntado a la oportunidad científica que supone su llegada. A estas voces se ha sumado la revista Nature, que asegura que puede ser un maravilloso modelo de ensayo para futuras amenazas de cuerpos espaciales que se acerquen a la Tierra.

En cualquier caso, WT1190F es una especie rara. Los investigadores de las agencias espaciales siguen tan solo a una veintena de objetos artificiales que permanecen en órbitas lejanas. Probablemente haya muchas más de estas piezas orbitando alrededor del sistema de la Tierra y la Luna, pero es realmente complicado establecer cuántas.  El camino de autodestrucción que haya iniciado WT1190F en estos últimos meses, probablemente haya sido provocado por la presencia perturbadora del Sol y la Luna, que hasta ahora -al menos que se tenga constancia- no han provocado ningún fenómeno similar.

Pero hay otro apunte importante. WT1190F no es el primer despojo espacial que regresa este mes a la Tierra. Murcia ha registrado en las últimas semanas al menos dos objetos extraños caídos del cielo, sin huellas o vestigios alrededor que pudiesen alumbrar a las autoridades sobre su llegada al lugar y la razón de por qué estaban allí. El 3 de noviembre, un enigmático despojo, de enigmáticas características, fue localizado en un terreno de cultivo del paraje de Cagitán, en Mula. Cinco días después, fue localizado un segundo objeto en una finca de la localidad de Calasparra. Esta última pieza era metálica, de cuatro metros de longitud y parcialmente calcinada. El objeto, estudiado por expertos en navegación aérea, tenía los bordes metálicos deteriorados por el impacto contra el suelo.

No es raro. Según la NASA, en los 50 años de lanzamientos espaciales se han acumulado más de 22.000 piezas de desperdicios con un tamaño mayor al de un puño y unos 500.000 del tamaño de una canica -restos que se descomponen al entrar en la atmósfera-, sin contar con unos 1.000 armatostes aún mayores que, según dónde impacten y la velocidad que alcancen, pueden convertirse en más o menos peligrosos.

Basura espacial Tierra

El director general de Elecnor Deimos, Miguel Belló, ha explicado a Efe que actualmente hay unos 17.000 objetos de más de diez centímetros orbitando la Tierra. Antes o después, todos ellos atravesarán la atmósfera terrestre, porque «lo que se pone en órbita baja, es frenado por la atmósfera hasta que cae». «De hecho, todas las semanas caen objetos, pero casi todos se desintegran, salvo los que están hechos con material refractario, nuclear o los grandes acoplamientos», ha añadido.

El seguimiento que se hace de todos estos objetos es intenso. «Sabemos más o menos dónde van a caer, y cuándo lo van a hacer, pero nunca se alerta a nadie porque en el 99,9 % de los casos se desintegran -ha matizado-. De hecho, lo que ha pasado en Murcia es raro, lo normal es que las piezas de basura se desintegren al entrar en contacto con la atmósfera». «Hay más probabilidades de que te caiga un rayo que sufrir una accidente causado por basura espacial», ha asegurado.

Belló, insiste en que «el riesgo de colisión con la Tierra es muy bajo». «Solo hay dos antecedentes en la historia que pudieron crear problemas, la caída en los años 1970 de parte de un cohete Cosmos, cargado con energía nuclear, y otro en los Andes, aunque en ambos casos cayeron en áreas despobladas», ha recordado.

Tres cuartas partes de la Tierra son agua. Y solo un 1 % de los continentes está poblado. Hay una gran probabilidad de que no ocurra nada. Pero este mes han caído ya tres. Como mínimo. ¿Debemos empezar a preocuparnos?

(Fuente: lavozdegalicia.es)

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