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Supervivencia ante tsunamis, marejadas, riadas e inundaciones

Inundaciones, riadas y marejadas

Pero aunque no lo agarre de lleno la inundación, está igualmente puede instalarse en su pueblo convirtiéndolo en una colección de techos de viviendas sumergidas, pudrir cosechas, matar ganado, transmitir enfermedades, y anegar o contaminar las fuentes de agua potable

En definitiva, con las inundaciones no sólo se corre un peligro inmediato, sino que pueden dejarnos aislados, a merced de las enfermedades, mojados y con frío, sin refugio, comida ni agua. O en el mejor de los casos, causarnos daños materiales catastróficos.

Las inundaciones se dan normalmente por una mayor cantidad de precipitaciones (lluvias) y/o viento costero o rivereño de las consideradas normales, sean o no en la zona de la inundación, pero que tienen los efectos en esta debido a que están surcadas por ríos, arroyos u otros cursos de agua que comunican con las zonas en donde el agua cayó más de lo normal o es empujada por el viento, y la tierra no pudo tener tiempo de absorberla o los obstáculos naturales o artificiales de frenarla, dejándola correr a las zonas más bajas afectadas.

Lo primero que hay que recordar en materia de supervivencia ante inundaciones, es que hay que evitar cruzar una crecida o avenida de un río, ya que es la causa de la mayoría de las muertes. No importa lo bien que sepamos nadar, o lo bien que creemos conocemos el río, o la zona inundada que hay abajo: las aguas procedentes de las inundaciones son impredecibles en cuento a su fuerza variable, sus turbulencias, los restos y basura que arrastran. Por eso lo recomendable es nunca vadear o nadar en zonas inundadas, salvo que esta sea la última opción para evitar un mal mayor. Esto incluye también el intentar cruzarla a caballo o con vehículos, por muy preparados para estas ocasiones que pensemos es nuestra 4×4, etc…

Las marejadas se dan por el incremento del viento en zonas marítimas, ayudadas en mayor o menor medida por el estado de las mareas, tempestades, tormentas tropicales o huracanes. En estos casos hay que:

  • Evidentemente no entrar al mar, ya sea para nadar o realizar cualquier tipo de deporte acuático o actividad náutica: los barcos quedan amarrados y se prohíbe la navegación y el nado en esos casos.
  • No transitar por caminos, sendas, calles u avenidas costeras, ya sea a pie, en bicicleta o con cualquier tipo de vehículo o medio de transporte. En particular sobre los vehículos terrestres, hay que tener en cuenta el seguir siempre las recomendaciones de circulación. Ante la duda, no hay que salir con el coche o viajar por ruta en general salvo que sea totalmente necesario.
  • Evacuar las zonas de potencial riesgo, tomando las precauciones necesarias para evitar (en la medida de lo posible y con anticipación suficiente) la entrada de agua a nuestra vivienda de acuerdo a las estimaciones meteorológicas y/o a las indicaciones de las autoridades y servicios de emergencia y rescate.

Tsunamis o maremotos

Durante un maremoto tectónico, el más común (aunque también pueden producirse por erupciones volcánicas submarinas, de islas volcánicas o incluso por la detonación de un arma nuclear). Al moverse la tierra en el lecho marino o en con epicentro en tierra pero cercana al mismo como consecuencia de un sismo, esta «mueve» el agua que se asienta sobre él, provocando que el agua se desplace de forma ondulante, creando olas de mayor o menor tamaño, velocidad y extensión en función de la fuerza del terremoto y otras variables.

Un maremoto en mar abierto no suele causar grandes problemas, ni siquiera a las embarcaciones que se encuentren en su trayectoria ya que, por cuestiones física sobre las que no vale la pena explayarnos en este artículo, las olas mar adentro pueden ser casi imperceptibles, y constituyen un problema sobre todo cuando, acerándose a la costa, crecen en tamaño, adentrándose en tierra sin «romper», teniendo así un gran potencial destructor a medida que inundan y arrasan todo a su paso de forma violenta y repentina. Para saber el estado del mar o el peligro que implica el mismo, es conveniente conocer la Escala de Douglas, muy utilizada en el ámbito náutico.

Si estamos en la costa, contra un tsunami o maremoto no hay defensa de supervivencia efectiva, tanto por la fuerza del mismo, como por la cantidad de desperdicios naturales y artificiales que puede arrastrar y con lo que podremos chocar: arena, tierra, animales marinos, árboles, plantas y todo artefacto artificial creado por el hombre que encuentre a su paso por el océano y la costa, una vez se adentre en tierra. La única alternativa no dependiente de la pura suerte (con muy pocas posibilidades reales de supervivencia) consiste en escapar a o refugiarnos en un lugar seguro antes de que este llegue. Es decir, aplicar medidas de prevención, anticipándose al tsunami.

Un tsunami puede afectarnos aunque estemos en una zona costera miles de kilómetros de distancia del lugar en donde se originó. Por eso existen alertas de tsunami que, de darse, pueden proporcionarnos el tiempo suficiente como para evacuarnos a una zona segura. De no disponer de esta alerta, algunas señales locales pueden indicarnos directamente que un maremoto se acerca, estas señales son:

  • Si se siente un sismo en una zona costera de más de 7 grados (ver escala) o que no nos permita mantenernos en pie, debemos suponer que le seguirá un maremoto o tsunami, por lo que hay que realizar la evacuación lo antes posible (ver a continuación).
  • Si se inicia la retirada del mar hacia el interior, alejándose del continente. Esta es la primera fase de un tsunami, y quedarnos a mirar el espectáculo es lo peor que podemos hacer…
  • Los animales se alborotan y huyen en dirección contraria a la costa si pueden, incluso con 15 minutos o más de anticipación a la llegada del maremoto.

En caso de saber que existe la posibilidad de que se dé un tsunami por estas señales directas o por avisos gubernamentales, etc., lo que debemos hacer es:

1.- No quedarnos dentro de casas o cualquier construcción que se halle dentro de la potencial área barrida por el maremoto, ya que estas NO son protección ante un tsunami.

2.- Alejarse del mar, rías y ríos lo más posible. Hay que tener en cuenta que muchas veces las olas gigantes penetran por los ríos y rías, al igual que lo hacen en caso de inundación, y afectan destructivamente a los litorales bajos. Contrariamente, las costas con grandes acantilados suelen ofrecer una protección mayor que las que poseen playas a nivel del mar.

3.- Buscar una zona alta, por lo menos 30 metros sobre el nivel del mar o río que desemboque en él más cercano. Las olas suelen tener no menos de 20 metros de altura y su velocidad pueda superar los 150 kilómetros por hora, por lo que encontrarse con el frente de olas sería como ser impactado por un edificio de 10 pisos que fuera a la velocidad de un automóvil o más. Lo ideal es que esta «zona de seguridad» esté preparada y sea conocida de antemano, como parte de un plan de evacuación por todos ensayado y simulado.

4.- Buscar paralelamente una zona protegida con árboles u edificios, cuantos más altos y más grandes, mejor. Estos frenarán las olas, no impedirán el avance y crecida del agua (inundación) pero sí pararán la violencia de su choque. Lo ideal es que la zona de seguridad previamente preparada esté en una dentro de una ubicación con estas características.

5.- Subirse a edificios y árboles alejados de la costa es una opción de circunstancia si no tenemos nada planificado (refugio en altura) de antemano. Poner el árbol o edificio entre la fuerza de la corriente (y los desperdicios y resto de destrucción que arrastre) y nosotros, en caso de no poder trepar sobre él y la corriente.

6.- No abandonar la zona segura hasta por lo menos 48 horas después, salvo que se nos evacue por aire o (al retroceder el oleaje, ante una nueva ola por venir) desplazarse en un plan conocido de antemano a una zona aún más segura. Los tsunamis no sólo pueden tener «réplicas» también (al ser consecuencia maremotos tectónicos) sino que, aunque no sea el caso, suelen golpear por lo menos dos veces (flujo y reflujo) e inundar una zona más allá de las crecidas normales durante, por lo menos, dos días.

Tsunami de Japón de 2011

¿Qué hacer si tiene su vivienda cerca de la costa o se aloja allí por motivos turísticos y es zona de tsunamis o maremotos?

Si vive cerca de la costa, sea donde fuere, debe suponer que puede afectarle un tsunami. En este caso, si desea seguir viviendo allí (o no tiene otra alternativa) puede tomar algunas precauciones o medidas preventivas como las siguientes:

1- En viviendas o terreno propio: plantar árboles, crear o potenciar pequeños bosques (de más de media docena de árboles) entre su casa y el mar y/o ríos. Si además planta en la costa o la orilla de los ríos (usted o el gobierno correspondiente) mejor.

2- Determinar un lugar de refugio (también en zonas de alojamiento costero), ya que la vivienda no lo será. Este refugio anti-tsunamis o anti-maremoto debe contar con las características detalladas arriba (una altura mínima de 30 metros, etc.) al que pueda acceder desde su casa en no más de 15 minutos. Este puede ser un refugio específicamente creado por usted, o una zona cercana idónea (interior de bosque, alto de una colina) ubicada siempre lo más lejos posible del mar o río.

3- En lugares en los que los tsunamis pueden darse con relativa frecuencia, como en diversas zonas costeras y playas del océano Pacífico, es necesario que se informe de dónde debe acudirse en caso de evacuación preventiva ante una alerta de tsunami. Debe asegurarse de que usted, toda su familia y/o responsables bajo su custodia saben exactamente qué hacer en esos casos, porque esto favorecerá que nuestro grupo se mantenga unido durante la emergencia y la posterior reorganización tras la catástrofe.

(Fuente: andinia.com)

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