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¿Puede una crisis hipotecaria provocar un brote del virus del Nilo Occidental?

Casi nada había ocurrido en Bakersfield, California, una ciudad industrial más entre San Francisco y Los Ángeles. Los dos acontecimientos más reseñables hasta la fecha habían sido el nacimiento de los KoЯn una noche de fiesta de 1993 y los primeros pasos de Dalene Kurtis antes de convertirse en la Playmate 2002 de la revista Playboy.

Pero en la primavera de 2007 ocurrió un suceso que alteró la tranquila vida de sus habitantes y atrajo la atención de los principales medios de comunicación estadounidenses: miles de cuervos comenzaron a morir inexplicablemente. Probablemente este fuera uno de los mayores deseos en Bodega Bay de una Tippi Hedren que, a modo de premonitoria casualidad, participó unos días antes del desastre aviar en la obra Here’s to Hitch, presentando a los habitantes de Bakersfield las memorables bandas sonoras de películas de Alfred Hitchcock, entre ellas Los pájaros.

Si los cuervos no habían sido suficiente, una cadena de televisión local grabó al más puro estilo del maestro inglés a una bandada de golondrinas despeñarse desde el cielo como si fuera la noche de las Perseidas, hecho que algunos fieles parroquianos interpretaron como signo de un inminente apocalipsis.

No se equivocaban demasiado. Al inicio del verano, unas cuantas personas ingresaban en el Bakersfield Memorial Hospital con síntomas poco habituales: malestar general, fiebre y fuertes espasmos musculares. De nuevo surgieron voces aludiendo al fin del mundo. Los exorcistas amenizaban las aburridas salas de espera del hospital. Algunos predicadores salieron a la calle a evangelizar a los infieles.

¿Qué estaba pasando en Bakersfield ese 2007? ¿Era realmente la hora del demonio? ¿Nos había dejado algo Nostradamus en un acróstico o una sinécdoque que no habíamos podido descifrar? Nada más lejos de la realidad. A un lado (muy lejano) de los agoreros, los locos y los chamanes, la ciencia se puso en marcha para dar una explicación racional. Así, unas semanas más tarde se confirmó que lo que el diablo había traído era un brote del virus del Nilo Occidental. Este virus de origen subsahariano afecta principalmente a los pájaros, pero a veces se traslada a los humanos.

El principal vector de transmisión de esta enfermedad infecciosa, conocida como fiebre del Nilo Occidental, son los mosquitos. Y los mosquitos pican a los bisontes, a los pájaros y a las personas. En la gran mayoría de las ocasiones el cuadro clínico no pasa de parecerse a un fuerte resfriado, pero las consecuencias en aquellos con un sistema inmunitario deficiente son mucho más graves, pudiendo provocar una irremediable infección del cerebro.

Brote virus Nilo Occidental

¿Qué ocurrió ese 2007 para que los casos aumentaran un 280% con respecto a todo el  año anterior? ¿Fue el tiempo? El verano fue muy caluroso y muy seco, dos condiciones que, lógica mediante, son factores de riesgo para la atracción de un mayor número de mosquitos. Sin embargo, también reducen la probabilidad de que el virus se expanda, ya que el calor había secado las charcas en las que los insectos ponen los huevos y se reproducen, y las especies de pájaros infectadas con el virus habían muerto de sed. ¿Plagas similares en la zona? Ninguna de los municipios del condado de Kern estaba experimentando nada semejante. ¿Antecedentes? En años anteriores se habían dado algunos casos, pero nunca se había alcanzado tal magnitud. ¿Más mosquitos que años anteriores? El número de mosquitos fue el menor de los últimos cinco años. En resumen, el 2007 fue un año perfecto para que en Bakersfield no surgiera ningún brote del virus del Nilo Occidental.

Pero surgió. Y a lo grande. Al final del verano se habían diagnosticado 140 casos y habían muerto 27 personas. Pánico. Arnold Schwarzenegger se huele el fin de los días y con el traje del último gran héroe declara el estado de emergencia en el condado y dedica 6 millones de dólares a la lucha contra los mosquitos. Se impone un toque de queda al alba y al atardecer, cuando los mosquitos se hacen fuertes. La gente se atrinchera en casa para que aviones cisterna cubran la ciudad de insecticida en aras de intentar apagar el incendio. Pavor. La cuarta plaga de Egipto en versión californiana. Finalmente la epidemia se consigue controlar.

Momento de buscar explicaciones científicas

Un equipo de epidemiólogos y entomólogos se pone manos a la obra. Se hace un barrido aéreo de toda la ciudad y alrededores para buscar sitios con gran densidad de pájaros muertos o donde los mosquitos infectados pudieran haberse reproducido: charcas, ríos, lagunas, estanques, veneros, fuentes, fontanas, fontanales, hontanares, pozos, pozas, aguaderos, abrevaderos, bebederos, aguajes, pilas, pilones, piletas, aljibes, albercas y piscinas. ¿Piscinas? ¿Acaso la noble gente de Bakersfield no tiene su piscina más limpia que la de Benjamin Braddock? No dudamos de su celo en el uso de los recoge hojas, pero la revisión desde el cielo arrojó un resultado inesperado: un porcentaje considerable de las piscinas estaban más verdes que el Estigia.

Brote del virus del Nilo Occidental

No acabaron las sorpresas para los científicos. Cuando fueron a esas viviendas, igualmente descuidadas, nadie les abrió la puerta. Absolutamente vacías, todas esas casas estaban abandonadas, en venta o desahuciadas por el banco. En Bakersfield, una ciudad que al abrigo de la industria petrolífera había pasado de 250 mil a 320 mil almas de 2000 a 2006, la crisis hipotecaria estadounidense había pegado fuerte. En 2006, la burbuja inmobiliaria estalló salvajemente en la ciudad: aumentó el desempleo y la morosidad y con ellos los desahucios. Bakersfield consiguió el dudoso honor de estar en el top ten estadounidense de ejecuciones hipotecarias con más de un 4% del total de sus viviendas.

Muchas hipotecas se refinanciaron, sí, pero muchas otras se dejaron de pagar y el banco arrasó con más de 5.000 casas que quedaron abandonadas y dejadas al vaivén de la naturaleza. El agua de sus piscinas empezó a corromperse rápidamente y los mosquitos no perdieron la oportunidad de formar familia en esos entornos privilegiados y con un festín pantagruélico de agua turbia, espuma de alga verde y musgo deconstruido. El menú del virus del Nilo Occidental estaba servido.

En Bakersfield, el verdadero vector de transmisión de la enfermedad del Nilo Occidental no fueron los mosquitos, sino la violenta crisis hipotecaria que explotó en Estados Unidos en 2006 y que dejó a cientos de miles de familias sin hogar. Este caso es solo un ejemplo de las secuelas en la salud pública que son producto de las decisiones políticas y económicas que se toman en tiempos de crisis. Decisiones que afectan también a nuestra salud. Por supuesto, las políticas económicas no son los agentes directos del estado de salud de los ciudadanos. David Stuckler y Sanjay Basu, en la breve pero majestuosa obra The Body Economic, lo afirman claramente: las políticas son las causas de las causas de la salud pública, es decir, son los factores subyacentes que determinan quién y cómo va a estar expuesto a unos mayores riesgos de salud. Ya lo dijo Rudolf Virchow en el siglo XIX: «Más le temo a la pobreza que al bacilo de Koch».

Los habitantes de Bakersfield bien lo saben.

(Fuente: yorokobu.es)

 

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