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El Pirineo español registra uno de los inviernos más dramáticos de la historia

El riesgo persiste por la nieve caída esta semana, que hace que en cotas altas se acumulen hasta 3,5 metros. Los expertos advierten de que los vídeos en YouTube de esquiadores escapando de aludes banalizan el peligro.

Dicen los nivólogos que este ha sido un invierno de los de verdad, que además se resiste a despedirse, y con él el riesgo de avalanchas. En los últimos días han caído hasta 150 cm de nieve reciente en cotas altas, donde ya se superan con holgura espesores de 250-350 cm. Y pese al cierre de las estaciones (Astún, la última, lo hará el día 22), no ha acabado la temporada para los esquiadores de travesía, una práctica cada vez con más aficionados.

El de 2017-2018 se recordará por ser “el invierno más negro de los últimos años en muertos por avalancha”, con 11 víctimas desde enero, señala Iban González, nivólogo de la ACNA (Asociación para el Conocimiento de la Nieve y Aludes). “En cuanto hemos tenido un invierno de verdad, con constantes nevadas, lluvias… en general, condiciones inestables, la realidad nos ha puesto en nuestro lugar. Desde diciembre no ha parado”, dice. A esto se suma que en los últimos años ha habido pocos accidentes graves, lo que ha contribuido a relajar la atención.

Los aludes mortales han recorrido toda la geografía pirenaica, con un fallecido en Aragón, dos en Cataluña, uno en Andorra y el resto en Francia, donde algunas de las víctimas eran españolas.

También guías profesionales

La nieve ha sepultado a esquiadores aficionados y también a profesionales. En Formigal perdió la vida un monitor de esquí, vecino de Tramacastilla de Tena. Un guía residente en Castejón de Sos murió en Viella junto a un compañero. Y en Andorra otro guía, miembro de la organización de una prueba, se vio atrapado por la nieve mientras reconocía el terreno fuera de pistas. Además, el alud que mató a dos montañeros en Bielsa estaba dirigido por un profesional. Él salió ileso, pero la Policía francesa lo citará como investigado. Eran personas preparadas para interpretar y gestionar el riesgo.

“La gente que no tiene experiencia se mete en sitios muy comprometidos sin saberlo, y los que estamos acostumbrados a andar por el monte tenemos otros problemas, como la familiaridad con esos lugares, la presión laboral… Son decisiones a tomar un día sí y otro también“, comenta Iban González. “Estamos todos los días en la nieve y una vez al año te pegas un susto”, insiste Rocío Hurtado, nivóloga de A Lurte, en Canfranc, el único centro especializado de Aragón.

Pero, ¿por qué este invierno se han producido tantos accidentes? Para Rocío Hurtado, la explicación hay que buscarla en el aumento del número de practicantes, por un lado, y en factores meteorológicos, por otro. “Ha sido un invierno complicado, con una sucesión de frentes, uno detrás de otro, y una meteorología muy cambiante que ha contribuido a que la situación del manto fuera muy variable”, comenta.

Dos meses con avisos

Otro factor a considerar, en su opinión, son las continuas alertas, pues “ha habido tantos avisos por avalanchas, aunque fueran objetivos, que los esquiadores no siempre los tenían en cuenta. Estaban cansados de esperar por el mal tiempo para poder salir. Llevamos casi dos meses advirtiendo del peligro“.

Así, se acaba banalizando el riesgo, y más tras varios años de relativa calma. No hay datos de siniestralidad por aludes en el conjunto del Pirineo (están dispersos en distintos organismos oficiales de los dos países). No obstante, González y Hurtado coinciden en que hacía tiempo que no se producían tantas víctimas. En Aragón, en 2010, hubo cinco fallecidos. Desde entonces, se han contabilizado otras seis víctimas, ninguna en 2017.

A la hora de trazar un perfil de los fallecidos este año, predominan los que sufrieron el accidente fuera de pistas, en el entorno de las estaciones, siete en total.

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“No es un juego”

A este respecto, los expertos reflexionan sobre la influencia de algunas tendencias. Hay “incontables” vídeos en YouTube y en las redes sociales con espectaculares imágenes de ‘freeriders’ que escapan sin consecuencias de enormes aludes, señalan desde la ACNA. La asociación hace una llamada “a esquiadores de montaña, alpinistas, ‘riders’, raqueteros…, porque las avalanchas no son un juego“.

“Cada vez la gente busca nuevas sensaciones esquiando fuera de las pistas, en nieve no tratada. Unos sin más equipamiento que el anorak, ni pala ni arva ni sonda. También tiene que ver con una moda estética y un estilo. Son tendencias“, señala la responsable de A Lurte, que advierte de que la cercanía de los remontes da una falsa seguridad, sin pensar en cuando se traspasa la línea de palos de las pistas, el esquiador está en manos de la naturaleza, sin un rescate organizado como en una estación, ni ‘pisters’ que trabajen para asegurar las laderas. “Cuando se cruza esa línea, el esquiador se convierte en su propio experto, y la responsabilidad es suya”, dice.

El peligro no ha desaparecido con la primavera, porque el cierre de las estaciones no significa que los esquiadores dejen la montaña. Es la mejor época para el esquí de montaña, comenta Rocío Hurtado. “Es más fácil gestionar el peligro porque nos limitamos a avalanchas de nieve húmeda”, aclara, y para evitar este peligro conviene madrugar y volver pronto, esquiar en las primeras horas del día, cuando el manto es más estable. Eso sí, advierte, “mientras haya nieve y haya pendientes, puede producirse un alud”.

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Heraldo de Aragón
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