Galería de ImágenesNoticiasTerremotos

Las otras réplicas del terremoto de Nepal

Las cosas son noticia cuando ocurren, pero tantas veces dejan de ser noticia a pesar de que sigan ocurriendo. Y siguen. Si no, que se lo digan a los cerca de 9.000 muertos que ya no están o a los 22.000 mil heridos que quedaron para contemplar las ruinas.

Que se lo digan a los niños de Pimaltar, que vieron el rostro del miedo cuando tembló su mundo a finales de abril y hoy caminan dos horas de ida y otras tantas de vuelta para ir a la escuela, el único sitio donde se sienten seguros. Según se mire, tienen suerte, porque el terremoto feroz destrozó más de 35.000 escuelas y el futuro de tantos pequeños quedó a la intemperie.

Lo que no cayó fue su esperanza, porque si algo tiene la infancia es una capacidad de soñar a prueba de catástrofes. Así que Darika, con 14 años dice que quiere ir a la Universidad y ser doctora. Lo dice con los ojos abiertos y bien despierta, pero aunque mire hacia adelante todavía tiene pesadillas cuando duerme y se sobresalta con los ruidos fuertes. La fortuna quiso que el terremoto cayese a plomo sobre un sábado, así que muchos pequeños salvaron la vida y la escuela aplastó solamente sus pupitres ese día.

Los que murieron dejaron muchas cosas: recuerdos que se perdieron, historias y vidas interrumpidas, deudas que pagar, que no se perdonan y huérfanos que sobrevivieron para pagar esas deudas de sus padres. Shova Majhi con 17 heredó de sus padres eso y un hermano pequeño para cuidar. Selina, con cuatro añitos, está en las mismas y adoptada por una tía tras enterrar a su madre y a su hermano de cinco meses. Son casi 2.000, se dice pronto, los menores que han perdido a alguno de sus padres. 2.000 futuros marcados de por vida.

Pero el terremoto no se llevó lo que tenía que haberse llevado, como la enfermedad mental de Suku Maya, que tiene 16 añazos y vive con su mamá Sita Majnoti.

Bhaktapur era antes patrimonio de sus habitantes y de la Humanidad, desde que la Unesco bendijo sus edificios en 1979. Una ciudad que prosperó en la antigüedad por las rutas comerciales hacia el Tibet y que ahora los vecinos tratan de recomponer, haciendo la demolición de edificios y la restauración con sus propias manos. Los nepalíes perseveran. No se rinden. «Los días después del terremoto fueron muy duros para los niños. Muchos habían perdido a sus padres o a sus amigos y tenían mucho miedo», dice Sanju Cihale, profesora de alumnos entre 10 y 12 años en el distrito de Nawakot.

Réplicas terremoto Nepal

El programa educativo se puso en pausa, y con juegos, poquito a poco va recuperando la confianza de los pequeños. Y la risa, esa medicina tan sanadora ha vuelto a brotar entre las aulas de las escuelas, como la que hizo la ONG Save the Children tras el terremoto en Thulosirubari, una aldeíta en el centro de la región. También hay ‘espacios de juego seguro’, unos campos de refugio donde crecen las ilusiones entre los adoquines rotos.

Aquí en nuestro país el curso acaba de arrancar y los padres primerizos y los no tanto, seguimos con nuestros miedos: si nuestros hijos harán amigos en el nuevo colegio, si la profesora nueva tendrá el mismo cuidado que la del año pasado, que si los libros nuevos o los usados, que si la comida vendrá con o sin alergias. Los pequeños, sin embargo son más fuertes y nos sorprenden. Y deshacen los nudos de la vida como si fueran nudos de humo. Solo así se explica que mientras Bhaktapur amanece en ruinas, un pequeño cruce la calle con su bicicleta como si estuviera en el parque de nuestra casa.

(Fuente: elmundo.es)

 

Etiquetas
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comentarios
Opiniones en linea
Ver todos los comentarios
Botón volver arriba
Cerrar
Cerrar