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Un mítico volcán en erupción, incendios en Chernóbil y una plaga bíblica se suman al coronavirus

Además de la pandemia de COVID-19, se ha reactivado un mortífero volcán y los restos de la central nuclear ucraniana fueron rodeados por el fuego. Por si una pandemia mundial no fuera suficiente, en los últimos días se han conocido otras catástrofes, naturales o de origen humano, que curiosamente también tienen precedentes históricos.

En general, el universo no presta excesiva atención a lo que hacemos los seres humanos, y desde luego no conspira en nuestra contra. Pero sí es cierto que el segundo principio de la termodinámica sugiere que el caos nunca mejora, más bien todo lo contrario; y las leyes de Murphy –menos científicas, pero más divertidas– indican que si algo puede ir mal, irá mal; y si varias cosas pueden ir mal, lo hará la más dañina… o todas a la vez.

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El planeta está siendo azotado por una pandemia de coronavirus que ha provocado ya más de dos millones de contagios y 128,000 muertes (pongámoslo en perspectiva: hay 7,800 millones de personas en el mundo). Además, las medidas para mitigar la enfermedad (en Estados Unidos hay orden en 42 estados de quedarse en casa) han devastado la economía, condenando a millones al hambre y la pobreza, y disparado el desempleo hasta niveles nunca antes conocidos.

Pero, por si esto no fuera suficiente, en los últimos días se han conocido otras catástrofes, naturales o de origen humano, que curiosamente también tienen precedentes históricos. La pandemia del coronavirus se ha comparado, por ejemplo, con la gripe que entre enero de 1918 y diciembre de 1920 contagió a 500 millones de personas (por entonces, una cuarta parte de la población mundial) y causó al menos 20 millones de muertes.

Hace poco más de un siglo, que por cierto, se hundió el Titanic, en la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912, llevándose al fondo del océano Atlántico la vida de 1,514 personas. Y hace más un siglo que el volcán Krakatoa volatilizó su isla indonesia en agosto de 1883 y causó más de 36,000 muertos, además de una nube de polvo que oscureció el cielo del planeta y originó un verano inusualmente frío.

Pues bien, el Krakatoa parece haberse reactivado estos días (nunca dejó de estarlo, en realidad), y ha emitido una gruesa nube de cenizas de 1,600 pies de altura en su mayor erupción desde 2018, según la agencia de noticias The Associated Press. No se han registrado muertos o daños hasta el momento, según el Centro indonesio de Volcanes, pero el país se encuentra en alerta 2 (en una escala máxima de 4) por la posibilidad de una erupción destructiva.

Casi al otro lado del planeta, en Ucrania, un incendio forestal ha cercado los restos de la central nuclear de Chernóbil, elevando la radiactividad en el área de exclusión, según informa la misma agencia. La planta nuclear estalló en abril de 1986, provocando una fuga de radioactividad que afectó a gran parte del continente europeo y llevó a abandonar una zona de 1,000 millas cuadradas a su alrededor. Apenas viven unas 200 personas allí, pese a la orden de abandono, pero durante casi dos semanas los incendios han arrasado el área, disparando la radiación incluso en la capital, Kiev.

Las autoridades ucranianas informaron el martes que el fuego estaba contenido, tras acercarse peligrosamente a los restos de la central. Consideran que los incendios se debieron a personas quemando rastrojos imprudentemente. Y a estas catástrofes, espectaculares pero quizá no tan dañinas, se ha sumado a otra menos publicitada pero tal vez más devastadora: una nube de langostas, la mayor en décadas, está arrasando las tierras de cultivo de varios países africanos.

Miles de millones de estos voraces insectos, cuyos destrozos ya se recogen en la Biblia, están afectando a las cosechas en Kenia, Etiopía, Sudán del Sur, Eritrea, Tanzania, Congo y Djibouti. Se trata de una plaga que la Organización de Naciones Unidas (ONU) atribuye al cambio climático y supone “una amenaza sin precedentes” de hambruna en la zona.

A veces no es el universo quien parece conspirar, sino nosotros mismos.

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