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¿Estás preparado para vivir en deflación?

Y en España estamos esquivándola por los pelos. Los últimos datos de IPC muestran un incremento de los precios del 0%. Ni frío ni calor. Pero la amenaza está ahí, por mucho que el Banco Central Europeo insista en que es algo que tiene que darse en todos los países y para todos los productos. Por eso, Draghi prefiere suavizar los términos y hablar de desinflación.

De momento no hay que alarmarse, porque como bien explica Alberto Matellán, analista de Inverseguros, gran parte de la evolución de los precios vista ayer hay que achacarla al comportamiento de la energía, que es la parte más volátil. Y en todo caso, lo que aquí tendríamos que ver es una caída sostenida y amplia del nivel de precios. El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, recordó ayer que una inflación tan baja «tiene complicaciones» ya que hace más difícil el proceso de desendeudamiento. Sin embargo, nunca está de más conocer los efectos que tendría para el ciudadano de a pie y la economía en general llegar a una situación de bajadas constantes de los precios.

1.- Empresarios y consumidores: Menos consumo, menos inversión, menos crecimiento y más paro

La deflación es un fenómeno que tiene que ver con las expectativas. Con los precios bajando, «las empresas no tienen incentivos para invertir«, explica Matellán. Es difícil que los empresarios lleven a cabo inversiones si no saben a qué precios pueden vender sus productos. Y en todo caso, si son más bajos, verán cómo sus márgenes de beneficio descienden y tendrán que realizar más despidos. Por el lado del consumo, los ciudadanos aplazarán sus decisiones de gasto esperando comprar los bienes más baratos el mes que viene, apunta Miguel Ángel Bernal, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). En consecuencia, la deflación lastra el crecimiento e incrementa el nivel de paro.

2.- Asalariados: Sueldos más bajos

Hoy en día, las cláusulas de revisión salarial están ligadas a la evolución de los precios. Por eso mismo, si éstos no suben o incluso bajan, también lo harán los sueldos. Pero hay un elemento añadido que hace pensar que España pueda estar al borde de caer en la deflación  y «es la reforma laboral», según explica el economista Edward Hugh en su libro «¿Adiós a la crisis»?, «porque está produciendo y producirá una tendencia a largo plazo de bajadas suaves de los salarios promedio».

Sostiene este economista que las nuevas contrataciones que lleguen en el futuro se harán bajo un nuevo marco laboral donde las mejores en los costes laborales unitarios serán consecuencia de las reducciones salariales conseguidos a base de contratar empleados más jóvenes, por medio de distintas modalidades de contrato y salarios más bajos. La evidencia al respecto «es concluyente», alega Hugh. Los salarios han bajado interanualmente en cada trimestre desde el cuarto trimestre de 2012.

3.- Pensionistas: Mínimo consuelo

Las retribuciones de los pensionista no son de por sí muy cuantiosas, pero en un entorno deflacionista, al menos tendrán el consuelo de no ver totalmente aniquilado su poder adquisitivo. Y es que, por ley, está estipulado que las pensiones se revaloricen un 0,25%, pase lo que pase con los precios, apunta Bernal.

4.- Titulares de depósitos: Subirán los tipos de interés reales

Los ahorradores han de esperar un efecto positivo y otro negativo. «Al final, si los precios siguen bajando, habrá que esperar que el BCE recorte los tipos» desde el 0,25% dónde están ahora, recuerda Pau Montserrat, director editorial de iAhorro.com. Por tanto, los ahorradores verán cómo los bancos les pagan menos por su dinero.

Ahora bien, la deflación supone un incremento de los tipos de interés reales (que son los tipos nominales menos la tasa de inflación), y como recuerda Matellán, si la tasa de crecimiento de los precios es negativa, «solo con tener tu dinero en el banco ya estarías ganando renta real». La explicación es que la misma cantidad de dinero puede comprar más bienes porque éstos son más baratos.

5.- Titulares de hipotecas: Perjudicados quien las tenga

Por el contrario, la deflación perjudica «a quien está endeudado», apunta Matellán, porque esa deuda es cada vez más grande en términos reales. Lo contrario sucede cuando hay inflación y se incrementan los precios, ya que éstos crecen más que lo que lo hace tu deuda, apunta Montserrat. Pero en un entorno de precios a la baja, lo cierto es que cada es más difícil pagar las deudas. O dicho de otra forma, éstas tienden a ser impagables.

6.- Propietarios de viviendas. Perjudicados porque baja la riqueza y las expectativas se deterioran

Tampoco salen bien parados con la deflación los propietarios de viviendas. Como apunta Miguel Ángel Bernal, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), no solo es que los precios de los pisos valen menos y disminuye la riqueza de las familias. Es que además estas familias son cada vez más pobres porque la deflación presiona a su vez a la baja sobre los salarios.

Pero para los propietarios de viviendas hay un efecto bastante más perjudicial que tiene que ver, de nuevo, con las expectativas. Ahora que ha reventado la burbuja inmobiliaria, los futuros compradores de viviendas van aplazando cada vez más sus decisiones de compra porque esperan que los precios caigan más. Esto ha sucedido sin deflación, por lo que en un entorno deflacionista, las bajadas de los precios de la vivienda pueden ser todavía más acusadas.

7.- Inquilinos de viviendas: Más poder de negociación

Otro de los pocos grupos que podrán intentar aprovechar en su beneficio la deflación. En un entorno de precios a la baja, ganan en poder de negociación simplemente porque pueden plantear al propietario pagar menos renta. Pero ahora bien, como apunta Bernal, hay un efecto negativo para el mercado inmobiliario en su conjunto, pues estas personas ni se plantearán comprar el piso en el que viven alquilados porque les es más rentable renegociar a la baja el alquiler, suponiendo que lo hayan pensado aluna vez.

8.- Estado: Menos ingresos y más déficit

El Estado también pierde con la deflación. Por un lado, el efecto más evidente es la recaudación por IVA, pues si los precios bajan, los impuestos sobre el consumo indirecto se cargarán sobre bases menores y será menor la cuantía recaudada. Pero esta es solo la punta del iceberg, porque el gran problema es la deuda pública, que en el caso de España ronda el 100% del PIB. Si los precios se mueven a la baja, entonces es posible que disminuya el valor nominal del PIB. Pero para evitar que la deuda suba, el PIB tendría que ser más elevado, lo que solo se conseguirá con más impuestos o más recortes y menos servicios. La alternativa si esto no se hace es engordar el déficit y el ratio de deuda/PIB, que es lo que ha pasado con Japón, pues esta magnitud de ha ido al 235%.

(Fuente: finanzas.com)

 

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