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Detectan una fuga continua de elementos radiactivos en Fukushima

Tras el desastre, se vertieron compuestos radiactivos en enormes cantidades tanto a la atmósfera como al Océano Pacífico y supuso un endurecimiento de los requisitos de seguridad nuclear en Japón. Sin embargo, también produjo que las autoridades japonesas abrieran la mano con los límites de radiactividad permitida en el medio ambiente y en los alimentos.

La Universidad de Barcelona y el ICTA-UAB han investigado los niveles de componentes radioactivos, concretamente estroncio y cesio, presentes en la costa de Japón desde que ocurrió la catástrofe hasta 2013, con una perspectiva global que también incluye los datos publicados hasta junio de 2015.

El estudio, publicado en la revista Environmental Science and Technology, muestra niveles de radiactividad en el agua de mar de entre 10 y 100 veces mayores que los registrados antes del accidente.

«Hemos estudiado estos dos elementos radiactivos (o radionúclidos) porque pueden presentar un riesgo radiológico si están en grandes cantidades y porque permiten a los oceanógrafos estudiar procesos como la circulación oceánica», explica Maxi Castrillejo, uno de los autores del estudio. El estroncio 90 (Sr-90) y el cesio 134 y 137 (Cs-134 y Cs-137) son radiactivos y son producidos por fisión nuclear en los reactores nucleares, como los de Fukushima.

Los efectos radiactivos de ambos compuestos perduran en la naturaleza alrededor de 30 años. El experto también añade que el estroncio es uno de los mayores contaminantes en la actualidad dentro de los reactores dañados y también en los miles de tanques industriales que almacenan unas 750.000 toneladas de agua. «Esta agua contiene estroncio ya que las técnicas actuales de descontaminación no son capaces de extraer dicho radionúclido completamente», indica.

Fuga radiactivos Fukushima

El objetivo de la investigación, liderada por Pere Masqué, era estudiar el impacto de las fugas recientes en el medio marino. Para ello recolectaron agua de mar de hasta 500 metros de profundidad en el área comprendida entre uno y 110 kilómetros desde la central de Fukushima. Las concentraciones más altas de estroncio y cesio se localizaban a menos de seis kilómetros de la central y en algunos casos llegaron a ser hasta 100 veces mayores que los niveles anteriores al accidente. Antes de 2011, la presencia de estos radionúclidos se debía principalmente a los ensayos con bombas nucleares que se llevaron a cabo en las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado.

La fuga de estos materiales al Océano Pacífico, sugerida a raíz de los análisis de las muestras, superaría entre 100 y 1.000 veces la cantidad aportada por los ríos. También existe el peligro añadido de los tanques de almacenamiento que en el pasado ya han sufrido en el pasado varias fugas de agua contaminada. «El cesio 134 y cesio 137 fueron vertidos en grandes cantidades durante el accidente a la atmósfera y el océano. Además, las mediciones hasta junio de 2015 indican que el agua proveniente de la central sigue teniendo niveles hasta 1.000 veces mayores a los medidos antes del accidente», continúa Castrillejo.

Los resultados del estudio, que concuerdan con los datos aportados por Tokyo Electric Power Company (TECPO), la empresa que se encarga de gestionar la central nuclear, ponen de manifiesto la necesidad de realizar un control continuo de los niveles radioactivos en el Océano Pacífico. Los resultados obtenidos durante el estudio indican que la fuga de agua contaminada desde la central continuaba aún en septiembre de 2013. «Creemos que dicha fuga, que ha podido variar en intensidad en el tiempo, continuaba hasta junio de 2015».

Fuga elementos radiactivos en Fukushima

Riesgos para la salud

También añade que las cantidades medidas son pequeñas y no suponen un riesgo para la salud siempre que el vertido no se prolongue. «La fuga medida en septiembre de 2013 es muy pequeña en comparación con la fuga masiva durante el accidente y las semanas posteriores. Pero hay que controlarla, sobre todo porque además hay varias toneladas de agua contaminada en los tanques, que han sufrido fugas en el pasado».

Tanto el estroncio como el cesio pueden aumentar el riesgo radiológico si se encuentran en grandes cantidades. Se pueden acumular en el fitoplancton, las algas, peces… Y en última instancia en los humanos. Castrillejo explica que, entre los riesgos de estos materiales en el ser humano, el estroncio sustituye al calcio y tiende a acumularse en los huesos y hay estudios que sugieren un posible aumento en el riesgo de leucemia o cáncer de hueso. Por su parte, el cesio puede sustituir al potasio acumulándose en los músculos.

Desde que ocurriese el accidente la principal labor de las autoridades niponas y TECPO ha sido centrar sus esfuerzos en controlar el flujo de agua que entra y sale de la central, y también en descontaminar, aunque sea de manera parcial, las aguas radioactivas utilizadas para refrigerar los reactores que resultaron dañados por el tsunami, y que almacenan con posterioridad.

(Fuente: elmundo.es)

 

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