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Aparecen 145 ballenas muertas en Nueva Zelanda

Los expertos siguen de poder explicar con certeza la causa los repetidos incidentes de encallamiento de cetáceos

Hace años que los biólogos estudian el caso, pero siguen sin tener una respuesta clara. Quizás es un fenómeno natural o tal vez es consecuencia de prácticas militares o pesqueras (con emisión de señales submarinas perjudiciales). Lo cierto es que las costas de la isla del Sur de Nueva Zelanda acumula una lista terrorífica de muertes de cetáceos.

El año pasado fueron contabilizadas 650 ballenas muertas solo en la zona de Farewell. Este año la cifra puede ser incluso superior, sobre todo por la aparición este pasado fin de semana de 145 ballenas piloto muertas -cifra provisional- en la bahía Mason, en la isla Stewart (Nueva Zelanda). Fuentes del Departamento de Conservación citadas por el diario neozelandés Stuff han indicado que los primeros animales varados en la arena fueron detectados a primera hora del sábado, sin especificar ninguna hipótesis sobre las causas de este siniestro masivo,

Pese a su denominación popular, las ballena piloto o calderón, es un cetáceo odontoceto de la familia de los delfines (Delphinidae). Una de las hipótesis sobre casos como el conocido ahora recuerda que los calderones son cetáceos muy sociales y viven en grupos familiares que se desplazan de forma conjunta.

Cuando alguno de los animales que lidera el grupo pierde la orientación y se encalla en la costa, buena parte del grupo familiar sigue su misma suerte. No se descarta que sofisticado sistema de comunicación y ecolocación de estos cetáceos pueda quedar afectado por el sónar utilizado por barcos militares o de pesca; un ruido que podría desencadenar la desorientación de los líderes del grupo de ballenas piloto.

Otras posibles explicaciones a este tipo de siniestros incluyen a enfermedades, cambios repentinos en las mareas, la persecución de depredadores o a condiciones meteorológicas extremas. El varamiento masivo del pasado fin de semana fue descubierto por un excursionista, que alertó el sábado por la noche a las autoridades sobre la situación de las ballenas.

La mitad de los cetáceos atrapados en la arena estaban muertos cuando llegaron los equipos de rescate, según explicó Ren Leppens, el gerente de operaciones en Rakiura del Ministerio de Conservación de Nueva Zelanda.

“Tristemente la posibilidad de reflotarlas con éxito era extremadamente bajas. La lejanía del lugar, la falta de personal y el deterioro de la condición de las ballenas implicaba que lo más humano que se podía hacer por ellas era sacrificarlas”, precisó Leppens, en declaraciones recogidas por Efe.

A través de
La Vanguardia
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